Como quisiera
congelar ese momento, en el que por primera vez se cruzaron nuestras miradas
en rápidas ráfagas, no tuvimos miedo a detenernos, no nos intimidamos
del odio que respiramos, en ese momento olvide el rencor que aun te guardo y
simplemente te regale un simple sonrisa, me correspondiste... simplemente te
fuiste.
Recordé, no, jamás
lo había sabido, descubrí por qué lograste sacar lo más
oscuro y repulsivo de mí, aparentemente enamorada, como cualquier
chica ridícula, como cualquier idiota engatusada con el destino y la vida,
que simplemente ama las rosas y los chocolates, y sueña con una eternidad
contigo. Como alguien puede seguir queriéndome, pudo llegar a
"amarme" (conceptualizaciones confundidas) si simplemente no
lo merezco, porque nunca aprendí a ser "persona", y si lo hice
lo olvidé, lo erré. Te recomiendo, ódiame, como el ser despreciable
que daño tú sana convivencia, que se logró escapar de todo, que se cruzó
perfectamente en tu destino, en tu triste destino, que dañó todas tus
ilusiones y no le importó tus sentimientos, ni siquiera creyó
que existían. Ahora entiéndeme, pues no siempre fue así, no te
contestaré a mi pasado pues me aferraría, a esa realidad que tuve en mis manos,
ingenua, caprichosa. No conocía el mundo, creía que era un
lugar feliz, el amor.. El amor es el sol, la luna, la vida misma, es Dios, y tú
no podías existir, resultaría insoportable a lo que era mi
mundo. No pedirás perdón, ni tampoco te lo daré, no habrá culpables ni finales,
solo trataré de acostumbrarme a la incertidumbre que me trajo esos testimonios,
mis ojos de tu mirada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario